domingo, 17 de octubre de 2010

6

A toda prisa. Corriendo como si le fuera la vida en ello. Iba realmente rápido.

Estaba oscuro, silencioso. En una ciudad portuaria el mar hacía que el cielo se viera especialmente bonito por la noche. Normalmente le hubiera encantado pararse a mirarlo, pero ya había perdido bastante tiempo el resto del día como para perder la calma que la oscuridad otorgaba. De todos modos se la tenía jurada al impertinente gairako y a todos los de su especie, los "puros". Nada más que estupideces.

Vio una zona de casas, con un pequeño huerto como jardín trasero algunas de ellas. Eran pequeñas, habitadas por una o dos personas todas ellas, tres a lo sumo. Eligió una al azar y entró por la puerta de atrás, la del criadero.

A su derecha había un montón de paja apilado con unas mantas encima (¿una cama?), a la izquierda un rincón de tierra con una cocina de piedra, con sus leños apilados en el hueco y su chimenea sucia. Al fondo veía la puerta de entrada y un ventanuco, aparte de algunos sacos amontonados en la esquina (sillones o provisiones). Todo estaba sumido en penumbra.

Cerró la puerta y comenzó a pasearse por la estancia, en silencio. Daba algunos golpes a las tablas de madera de cuando en cuando intentando encontrar un hueco para ocultarse antes de que el anfitrión llegara, pero no había suerte.

Malditas lunas.

-E... U... Mi...

Voces, lejanas y no muy claras, pero voces al fin y al cabo. Las oía acercarse, una femenina y otra masculina. ¡Poco tiempo!, eso quería decir. Oteó el techo, desesperado, y encontró su salvación: una escalera a una buhardilla bien camuflada.

Cuando la puerta se abrió él estaba contemplando el escritorio de madera que había en la parte de arriba, con algunos pergaminos extendidos, otros enrollados, y algunos botes de tinta con sus plumas. Pero las risas llamaron más su atención.

-Estás loca, Arti.

-No estoy loca, cielo. Soy una artista y necesito inspiración.

-Más bien eres una puta y necesitas dinero.

-También. Pero también me gusta el placer.

La curiosidad lo invadió. Había una voz femenina y otra masculina que entraban, pero, ¿cómo asomarse sin ser visto? Entonces fue cuando se fijó en que, perpendicular al pilar maestro de la casa, había una viga que la sostenía de lado a lado y a la que podría saltar sin problema. El hecho de que no pudiera soportar su peso no era una preocupación, ni siquiera se lo planteaba. Se trasladó con movimientos fluidos, sin hacer ruido, y se acomodó como un felino sobre la viga.

Lo único que vio del tipo fue que tenía una corta cabellera morena, pues cuando miró ya estaba sobre la mujer, besándola apasionadamente. Ella agitaba sus dorados cabellos y movía las manos, desvistiéndolos a ambos. En poco tiempo estuvieron tendidos en el camastro de paja, disfrutándose el uno al otro.

La curiosidad aumentaba al verlos, a la par que el desconcierto. No entendía esos movimientos suaves, las caricias, los susurros cariñosos a la vez que pasionales. No entendía por qué esos dos eran tan amables mientras yacían juntos. Eso era algo que él jamás había hecho.

Se quedó toda la noche observando como espectador oculto, fascinado.

Aún no amanecía cuando el hombre se vistió, dejando a la pobre adormilada en la cama, tirando un par de monedas a su lado. Igrin también estaba somnoliento ya, así que cerró un momento los ojos mientras se estiraba cuidadosamente para no caerse. Cuando los volvió a abrir había luz, y alguien gritaba de forma estridente, a todo pulmón:

-¡LADRÓN!

1 comentario:

Fénix dijo...

¿Que normalmente se habría detenido a mirar? Igrin siendo... sensible? Últimamente estoy conociendo cosas muy raras a medida que releo EUS.

Dios. Quiero que escribas una versión en que la viga no aguante el peso de Igrin y se caiga. Por gilipollas xD.

Curioso que el momento emo de Igin sa viendo a otros follar, ¿eh?

¿"Pobre" adormilada? No veo por qué.

Como siempre, gritan ladrón ante de atizar. Es que la gente no aprende.

En fin. Qué capítulo más raro xD.